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Masunori Belgrano

Masunori Belgrano

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Castañeda 1872, C1428 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante japonés
9.6 (859 reseñas)

Masunori Belgrano es una de las paradas obligadas para los amantes del sushi en Buenos Aires. Ubicado en Castañeda 1872, en el corazón de Belgrano, este restaurante se consolidó como una referencia de la gastronomía japonesa en la zona norte de la Ciudad. Tras el éxito de su casa original en Palermo (sobre la calle Buschiazzo), la marca apostó por ampliarse hacia Bajo Belgrano y trajo consigo la misma propuesta: comida japonesa con identidad nikkei, foco en la frescura del producto y una experiencia que combina barra, showcooking y atención personalizada.

Concepto y ambiente

El local mantiene una estética sobria y cálida, con una barra central donde los sushimans arman las piezas delante del comensal. Esta decisión no es decorativa: varios visitantes resaltan que sentarse en la barra permite una interacción directa con el cocinero, recibir recomendaciones en el momento y observar la preparación de cada handroll, cada corte de pescado y cada armado de chirashi. El espacio es chico, bien iluminado y con una atmósfera que invita a una salida íntima o una cena con amigos, más que a una reunión ruidosa.

La carta: qué pedir y por qué

La propuesta de Masunori Belgrano se mueve entre clásicos japoneses y fusiones nikkei. Entre los platos más elogiados por los clientes se repiten varios nombres:

  • Chirashi: considerado por muchos como uno de los mejores de la ciudad. Arroz bien calibrado, pescado fresco y salsas equilibradas. Es la elección segura para quien visita por primera vez.
  • Handrolls: la verdadera vedette del lugar. Hay variedades clásicas y de autor, y suelen prepararse al momento con alga crocante y rellenos generosos. Si hay que pedir uno, varios coinciden en que las versiones de langostinos y las de trucha son imperdibles.
  • Tiradito y ceviche (incluido un ceviche nikkei): frescos, con el punto justo de acidez y un toque peruano que aporta personalidad sin tapar el pescado.
  • Omakase: una experiencia de tres o cuatro pasos donde el cocinero conduce el menú. Es abundante y está pensado para compartir, aunque conviene reservar tiempo porque el ritmo es pausado.
  • Niguiris, sashimis, gunkan de vieiras y rolls como el Yakuwari y el Passion, estos últimos con resultados más irregulares según el comensal.
  • Una limonada de autor muy recomendada, y una barra de coctelería con propuestas a base de pisco, gin y aperol.

El restaurante también ofrece opciones sin gluten (adaptan piezas y menús) y prepara un ceviche vegetariano muy bien recibido por quienes no consumen pescado, un detalle que no es tan habitual en el rubro.

El servicio: luces y sombras

El principal activo del servicio son los sushimans. Nombres como Elías, Tomás (“Tomi”), Misael, Mateo y Aníbal aparecen una y otra vez en las reseñas como figuras destacadas: amables, atentos, creativos y conocedores del menú. La mayoría de los clientes sale encantada con la atención y con la predisposición del equipo para adaptar los pedidos, sugerir combinaciones y explicar cada plato. En una de las visitas registradas, incluso se acercaron con un alfajor y una velita para celebrar un cumpleaños sin que nadie lo pidiera, un gesto que habla del trato cercano que intentan sostener.

Sin embargo, no todo es parejo. Quienes han pasado por el restaurante en horarios de baja ocupación reportan un servicio muy lento: tiempos largos entre paso y paso del omakase, dificultad para que los mozos pasen por la mesa, cuentas que hay que reclamar varias veces y, en algunos casos, sensación de que el personal interactúa más entre sí que con el comensal. Otros puntos críticos que aparecieron en distintas ocasiones:

  • Sistema de reservas: varios clientes denunciaron que les confirmaron la reserva y, al llegar, les redujeron el tiempo de permanencia o les cambiaron el turno por un evento privado. Es un punto a confirmar antes de ir, sobre todo en fechas especiales.
  • Cargos extra: algunos comensales cuestionaron que ciertos adicionales (salsa teriyaki, soja) se cobren aparte y se sirvan en porciones muy pequeñas, algo que no condice con el nivel del lugar.
  • Inconsistencia entre sushimans: la experiencia puede variar mucho según quién tome el pedido. Mientras algunos cocineros son celebrados, hay reportes puntuales de handrolls mal armados o con exceso de arroz, sobre todo cuando hay personal nuevo en la barra.
  • Delivery: hubo pedidos a domicilio que llegaron con niguiris muy finos, arroz pasado de frío y calidad inferior a la del salón. Quien quiera disfrutar realmente la marca debería ir al local.
  • Barra de tragos: al menos una reseña señaló un cóctel (pisco sour) mal preparado, sin corrección del barman pese al reclamo.

Relación precio-calidad

El nivel de precios es medio-alto para el estándar porteño (el sistema lo ubica en un rango moderado-alto). La mayoría coincide en que la calidad del producto justifica el gasto, sobre todo en chirashi, handrolls y omakase, aunque algunos sienten que ciertos extras están sobrevalorados. No es un lugar para ir todos los días, pero sí una buena elección para una ocasión especial sin tener que cruzar a Palermo.

Información práctica

  • Dirección: Castañeda 1872, Belgrano, CABA.
  • Horario: de 12:00 a 00:00, todos los días.
  • Reservas: sí acepta y, dada la demanda, conviene reservar, especialmente para cenar.
  • Teléfono: 011 15-4478-5985.
  • Web: masunorisushi.com.
  • Sirve almuerzo, cena, cerveza y vino.

Veredicto

Masunori Belgrano es uno de los mejores sushi de Buenos Aires, con una barra talentosa, producto fresco y una propuesta de handrolls y chirashi que está entre las más recomendadas de la ciudad. Si lo que buscás es un sushi bar en Belgrano con cocinero a la vista, buena coctelería y atención detallada, este lugar cumple con creces. Eso sí: conviene evitar horarios de baja concurrencia si no querés tiempos largos, confirmar bien las condiciones de la reserva y, si vas por delivery, tener expectativas moderadas. Para una experiencia completa, lo ideal es sentarse en la barra, pedir omakase y dejarse guiar por el equipo. Es, sin duda, una de las direcciones que cualquier fan del sushi en Buenos Aires debería tener anotada.

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