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Harajuku Station BA

Harajuku Station BA

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Thames 747, C1414 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante japonés
7.8 (238 reseñas)

En el primer piso del Mercat de Villa Crespo, sobre Thames 747, funciona Harajuku Station BA, un puesto de comida japonesa callejera que se ganó un lugar propio entre quienes buscan sabores orientales sin tener que sentarse en un restaurante tradicional. El nombre es una declaración de intenciones: la estética y el espíritu buscan remitir al barrio de Harajuku en Tokio, famoso por su callejuela de Takeshita, su moda colorida y sus puestos de street food.

El local es pequeño, pero está integrado a la zona gastronómica del Mercado de Villa Crespo, un polo que reúne propuestas de diferentes cocinas en un ambiente con onda joven, buena música y decoración cuidada. El resultado es una experiencia que combina la informalidad de un puesto callejero con la prolijidad de una cocina que se nota trabajada. Para quien se acerca por primera vez, conviene saber que la oferta gira alrededor de tres ejes: sandwiches japoneses estilo sando, onigiris y nikuman, con algunas guarniciones como gyozas, ebi furai, karaage y langostinos rebozados con salsa teriyaki.

Un menú que combina Tokio con Buenos Aires

Una de las características que más se repiten entre quienes pasaron por el mostrador es la impronta del proyecto: comida japonesa con un guiño al paladar local. No se trata de una carta de sushi en el sentido clásico ni de un espacio de ramen, sino de reinterpretaciones de clásicos nipones que conviven bien con el gusto argentino. El ejemplo más claro es el gyu-sando, un sándwich de carne estilo japonés con pan brioche, salsa y un corte generoso, que muchos clientes definen como la mejor prueba que ofrece la casa. Le sigue el katsu-sando, con pollo frito crujiente, y una opción vegetariana a base de berenjena, todos servidos en formato de sandwich de miga oriental.

Los onigiris merecen párrafo aparte. Se trata de las clásicas bolitas de arroz prensado rellenas, que aquí se trabajan con una particularidad: los doran con una salsa en ambos lados, lo que les da un punto tostado y sabroso distinto al onigiri tradicional. Hay versiones con atún, con cerdo y una veggie que suele ser de las más pedidas por quienes quieren una opción sin carne. Otro plato destacado es el nikuman, un pancito al vapor relleno, similar a un bao, que se cocina en el momento y cuya textura suave es una de las firmas del local.

Las guarniciones que completan el pedido

Aunque los protagonistas de la carta son los sandos, los onigiris y el nikuman, hay varias opciones para complementar o armar un picoteo al paso. Las gyozas son una de las entradas más requeridas: empanaditas chinas rellenas que se sirven al vapor o a la plancha, y que según varios comentarios tienen una masa fina y un relleno bien sazonado. El ebi furai (langostinos rebozados) aparece casi siempre elogiado por el punto de fritura, y los langostinos con teriyaki casera son otra de las sugerencias recurrentes.

Para beber, la carta incluye cerveza artesanal, entre ellas la de Asato San, que se asocia como buena opción para maridar con los sabores intensos de la salsa teriyaki y con el pollo karaage. También hay opciones sin alcohol y combinaciones que permiten armar un combo completo sin que el ticket se dispare.

Lo que funciona bien

Entre las opiniones más entusiastas hay un patrón claro: quienes piden gyu-sando, onigiris o nikuman suelen salir conformes con el sabor y la calidad. La atención es otro punto fuerte: varios clientes destacan la amabilidad del personal, especialmente en situaciones puntuales como tener que avisar que falta un producto y proponer alternativas. En una de las visitas más recordadas, uno de los encargados incluso se tomó el trabajo de recorrer el mercado para dar con un plato que estaba fuera del menú del momento, gesto que habla del trato del lugar.

La ambientación también suma. El sector donde está montado el puesto tiene stickers, banderines y una estética que recuerda a las calles de Shibuya o Takeshita, según lo describen algunos visitantes. La música acompaña sin invadir, y aunque el espacio es reducido, se puede comer en las mesas compartidas del Mercat. Para quienes buscan algo distinto sin pagar los precios de un restaurante de comida japonesa tradicional, la propuesta resulta una alternativa razonable.

Donde se puede mejorar

No todo es parejo. El principal punto de fricción es el tiempo de espera: hay reportes que van de 25 a 50 minutos para un par de sándwiches, e incluso casos donde la demora supera la hora cuando hay poca gente. Esto es particularmente llamativo porque se trata de un formato de comida al paso, donde la promesa es justamente la rapidez. Quienes concurrieron un día de semana a la noche o un miércoles con poco público coinciden en que la espera fue mayor a la esperada, lo que sugiere que la operación de cocina tiene que ajustar su ritmo.

El segundo tema recurrente es la relación entre porción y precio. Varios clientes sintieron que los sándwiches son chicos para lo que cuestan, especialmente comparados con propuestas similares de la zona. Esto no significa que la calidad sea mala, sino que conviene tener presente que se está pagando por un bocado de comida japonesa de autor y no por una comida completa. El onigiri, por ejemplo, es muy bien valorado en sabor, aunque algunos visitantes notan que la proporción de arroz respecto al relleno es alta.

También hay quejas puntuales que conviene registrar: karaage que llegó chicloso o sin el crocante esperado, pollo con cocción insuficiente en el interior de un sando, nikuman que se rompió al manipularlo y se quedó pegado al papel, y stock limitado en ciertos días (especialmente cuando faltan sabores de onigiris o sandwiches). Algunas reseñas antiguas mencionan además que no aceptaban tarjeta ni débito, pero información más reciente sugiere que ya trabajan con medios electrónicos y mantienen un descuento cercano al 15% por pago en efectivo.

Información práctica para quien quiera ir

El local abre al mediodía y a la noche, y se ubica en Thames 747, dentro del Mercado de Villa Crespo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El acceso es apto para personas con movilidad reducida y se puede pedir para comer en el lugar o para llevar. Si la idea es almorzar sin apuro, conviene evitar el sábado al mediodía, que es cuando más se concentra la gente; si la idea es simplemente probar los clásicos sin esperar demasiado, un día de semana fuera del pico es mejor opción.

Como recomendación concreta, los platos que mejor fama tienen son el gyu-sando para quien nunca haya probado un sandwich japonés, los onigiris dorados con salsa para una experiencia rápida y sabrosa, y el nikuman para quien quiera algo calentito y suave. Combinar un sando con gyozas y un onigiri permite armar un recorrido bastante completo por la carta sin gastar de más, y suma el atractivo de probar varios clásicos de la comida japonesa de street food en una sola visita.

Para quienes viven en Buenos Aires o están de paso por la zona de Villa Crespo y buscan una experiencia de comida japonesa callejera bien resuelta, Harajuku Station BA es una parada que cumple con sabor y onda, aunque todavía tiene que ajustar algunos detalles logísticos para que la experiencia esté a la altura de lo que ofrece la cocina.

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