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Furaibo

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Adolfo Alsina 429, C1087 AAE, Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante asiático Restaurante de sushi Restaurante especializado en ramen Restaurante especializado en tonkatsu Restaurante japonés
8.8 (9370 reseñas)

En el corazón del barrio de Monserrat, sobre la calle Adolfo Alsina 429, funciona un rincón de Japón que muchos porteños ya conocen: Furaibo, un restaurante japonés auténtico instalado en el interior de un templo budista zen. Este detalle marca desde el inicio una experiencia distinta, porque no se trata de un local comercial convencional, sino de un espacio donde la gastronomía y la espiritualidad oriental se cruzan bajo el mismo techo.

Para acceder al salón principal hay que subir una escalera hasta el primer piso, lo que implica algo importante a tener en cuenta: el lugar no cuenta con accesibilidad para personas en silla de ruedas. Una vez adentro, la decoración impacta: altares budistas, yukimi-gata en el patio, pequeños budas, cuadros de deidades, biblioteca con mangas y libros japoneses, y dos sectores diferenciados para sentarse. El primero es un salón tradicional con mesas y sillas, y el segundo es un tatami donde se come descalzo, sentado sobre almohadones al mejor estilo oriental, con la posibilidad de reservar el sector con varios días de anticipación. Este punto convierte a Furaibo en mucho más que un simple restaurante: es un pequeño viaje cultural.

En lo que respecta a la propuesta gastronómica, el plato fuerte es el ramen, una de las especialidades de la casa y motivo principal por el que muchos clientes vuelven. El local ofrece tres tamaños de cada variante (chico, mediano y grande), algo que resulta muy útil para distintos tipos de apetito. Entre las opciones más pedidas se encuentran el Ramen Furaibo (el de la casa), el Sapporo picante, el Chashu y el Menma con bambú. Los precios arrancan aproximadamente en los 26.000 pesos para el más pequeño y pueden ascender hasta los 35.000 para el tamaño grande. El caldo es uno de los puntos altos: concentrado, real, con base de cerdo trabajada, muy distinto a los productos industrializados. Quienes lo prueban suelen destacar que se trata del ramen más cercano al estilo japonés que se puede conseguir en Buenos Aires.

El otro gran protagonista de la carta es el sushi, que aquí se trabaja de manera totalmente artesanal. Las piezas son grandes, el arroz está bien armado y el pescado se nota fresco. Quienes solicitan sushi suelen destacar su calidad, diferenciándolo claramente de las cadenas de sushi rápido o de delivery. El arroz de los nigiri tiene el punto justo, los maki se presentan con generosidad y el sashimi llega al plato con un corte prolijo. El salmón, tanto en sushi como en otras preparaciones, se lleva elogios constantes por su frescura. Para quienes quieran probar de todo, existe una opción de tabla de 40 piezas, ideal para compartir entre dos o tres personas, y también combinaciones más pequeñas para quienes recién se animan a explorar el mundo del sushi en Buenos Aires.

Además del sushi y el ramen, la carta incluye otras preparaciones japonesas que vale la pena considerar: gyozas (muy recomendadas por los visitantes, tanto las de cerdo como las de kimchi), katsukare, tonkatsu, yakisoba, katsu kare, harumakis, ebi furaibo (langostinos empanados), tofu frito, sopa miso y una interesante sección de tempuras. Para cerrar, los postres tienen su propio atractivo: el helado de matcha es una de las estrellas, con sabores suaves en el paladar, y también se ofrecen helados de ajo negro, wasabi, jengibre, sésamo con amarula y una degustación de dulces japoneses con té verde. Un detalle particular es que al inicio de la comida suelen recibir a los comensales con una pequeña porción de cortesía, generalmente un ceviche o escabeche de salmón, lo que anticipa el nivel de detalle del servicio.

El menú ejecutivo de tres pasos es una opción interesante para quienes quieren conocer el restaurante sin gastar demasiado, con varias alternativas en cada paso, y resulta especialmente conveniente para almorzar. También hay opciones aptas para celíacos y vegetarianos, un punto a favor para grupos con restricciones alimentarias. La bebida es otro punto destacado: la carta incluye sake, cócteles con sake, aperitivos como el umeshu (licor de ciruela), jugos de aloe con té, limón y miel, y el clásico red berry.

En cuanto al ambiente, Furaibo logra algo difícil: mantener la tranquilidad incluso cuando está lleno. La decoración cargada pero armónica, la música suave de fondo y la disposición de las mesas permiten conversar sin elevar la voz. Algunos días hay música en vivo, desde jazz y swing hasta interpretaciones tradicionales con shamisen y arpa japonesa, lo que añade un valor extra a la velada. Los baños también merecen una mención: están impecables y cuentan con un inodoro japonés inteligente con funciones de higiene y asiento calefaccionado, un detalle curioso que muchos visitantes recuerdan.

Sobre la atención, las opiniones suelen ser positivas: el personal, en muchos casos japonés, explica los platos, enseña la pronunciación correcta y recomienda opciones según el gusto del comensal. No obstante, hay que tener en cuenta que en horas pico el servicio puede volverse lento, especialmente cuando hay un solo mozo para todo el salón. Algunos clientes han mencionado tiempos de espera largos para ser atendidos o para que retiren los platos, lo que puede afectar la experiencia.

Otro aspecto a considerar antes de ir es el precio. Furaibo se ubica en un nivel de precio medio-alto, por lo que está más pensado para una ocasión especial que para una salida cotidiana. Sin embargo, quienes lo visitan coinciden en que la experiencia global justifica la inversión. Un dato útil: pagando en efectivo se obtiene un 10% de descuento. Las reservas son prácticamente obligatorias, sobre todo los fines de semana, ya que el lugar cuenta con pocas mesas y suele colmarse rápido. Para grupos grandes o para acceder al salón tatami, se recomienda reservar con varios días de anticipación.

Más allá de la gastronomía, Furaibo ofrece otras actividades vinculadas a la cultura japonesa: ceremonias de té, clases de budismo, sesiones de meditación, eventos de mantras e incluso atención de acupuntura a cargo de un especialista que visita Argentina varias veces al año. Estas propuestas convierten al espacio en un pequeño centro cultural donde la gastronomía es solo una de las puertas de entrada a la tradición japonesa.

Para quienes buscan dónde comer sushi en Buenos Aires con un nivel de autenticidad difícil de igualar, o simplemente desean probar un ramen diferente al de cualquier delivery, Furaibo es una parada obligada. Eso sí: conviene llegar con tiempo, con reserva confirmada y con ganas de vivir una experiencia que va mucho más allá de la comida.

Información práctica

  • Dirección: Adolfo Alsina 429, C1087 AAE, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • Teléfono: 011 4334-3440
  • Sitio web: furaiboba.com.ar
  • Horario: lunes a jueves de 12:00 a 23:00; viernes y sábado de 12:00 a 00:00; domingo de 12:00 a 23:00
  • Reservas: sí, muy recomendables
  • Acceso: solo por escalera, sin accesibilidad para sillas de ruedas
  • Medios de pago: efectivo (con 10% de descuento), tarjetas

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