The Lift / 1967
AtrásThe Lift / 1967 es una de esas propuestas gastronómicas de Buenos Aires que cuesta encasillar en una sola categoría. Ubicado en Godoy Cruz 1967, pleno barrio de Palermo, este espacio combina un restaurante boutique de sushi patagónico con un club de jazz oculto al fondo, generando una experiencia difícil de igualar en la ciudad. La filosofía del lugar se aleja del concepto tradicional de restaurante de sushi y propone algo completamente distinto: una cocina de autor basada en pescados del sur argentino, acompañada de música en vivo de primer nivel.
Un restaurante de sushi con dos caras
Lo primero que llama la atención al investigar este lugar es su estructura dual. En la parte delantera funciona 1967, el restaurante, con una capacidad reducida de 32 comensales donde se sirve exclusivamente sushi omakase y ceviche. Al fondo, atravesando una “puerta oculta”, aparece The Lift Club, un espacio con capacidad para 60 personas que funciona como escenario íntimo para shows de jazz, blues, flamenco y otras propuestas musicales. Esta dualidad permite dos modalidades de visita: ir únicamente a cenar sushi en Palermo o combinar la cena con el espectáculo pagando una entrada adicional que resulta bastante accesible.
El ingreso: una experiencia en sí misma
Antes de probar cualquier plato, el propio acceso al local se convierte en parte del entretenimiento. La fachada no muestra nada del interior y la entrada simula un recorrido en ascensor que sorprende incluso a los visitantes más experimentados. Este detalle, comentado por prácticamente todos los que han pasado por el lugar, marca el tono de lo que viene después: una velada donde cada elemento está cuidado al detalle. La decoración interior apuesta por un estilo que muchos comparan con sótanos neoyorquinos, con luces cálidas, mesas íntimas y boxes cómodos que invitan a quedarse.
Sushi patagónico: la apuesta diferenciadora
El plato fuerte del lugar es, sin duda, el llamado sushi patagónico, una propuesta que reemplaza el tradicional salmón chileno por trucha y lisa, criadas en lagos naturales del sur argentino mediante procesos controlados por la empresa Salmon Trout. Esta decisión no responde a una moda, sino a una postura sobre la calidad del pescado: según expresa la propia casa, el salmón disponible en Buenos Aires proviene mayormente de criaderos chilenos con uso intensivo de antibióticos y anabólicos. La trucha patagónica, en cambio, ofrece trazabilidad, frescura y un perfil de sabor completamente diferente.
El formato estrella para probar esta propuesta es el omakase sushi, que puede pedirse en versiones de 12, 24 o 36 piezas. La palabra japonesa “omakase” significa literalmente “quedo en tus manos”, y en este caso el chef Tulaj (también conocido como Fede en algunas reseñas) se acerca personalmente a cada mesa para presentar su menú, explicar el origen de cada pieza y recomendar combinaciones. Las opciones incluyen nombres creativos como Dragon Serrano, Villa Catedral, Rosa Mosqueta, Pro Voletiado, además de clásicos como nigiris y rolls. Algunos visitantes destacan la presencia de versiones flambeadas y con quesos patagónicos, una decisión que no a todos convence, ya que en sushi Buenos Aires la tradición japonesa suele ser más purista. La cocina acepta adaptar las piezas si el cliente lo solicita, por ejemplo, retirar el queso del omakase.
Quien prefiera ir a la segura puede pedir directamente las piezas más recomendadas de la carta: el nigiri de trucha, los grillados y los rolls ahumados suelen aparecer repetidamente entre las recomendaciones. La frescura del pescado es, según prácticamente todos los comentarios, la gran fortaleza del lugar, junto con la creatividad en las combinaciones. Para quienes buscan alternativas, hay piezas veganas y algunas opciones más clásicas como gyoza y wonton para arrancar.
Ceviche y otras sorpresas
Aunque el sushi acapara la atención, el ceviche merece capítulo aparte. El plato estrella es el “Ceviche 1967”, una versión con langostinos que ha cosechado elogios consistentes. Quienes lo han probado destacan su acidez bien equilibrada, el punto justo de picante y la presentación cuidada. También suele prepararse una variante con trucha, en línea con la filosofía patagónica del lugar. El ceviche funciona perfecto como entrada o como complemento al omakase, y muchos comensales recomiendan ordenar ambos para una experiencia más completa.
Las rabas y otras entradas también han generado buenas impresiones, aunque la oferta más allá del sushi y el ceviche es intencionalmente acotada. Esto puede ser un punto en contra para quienes busquen mayor variedad: la carta es casi exclusivamente de sushi y ceviche, con algunas empanadas de vegetales y ensaladas como opciones menores.
Tragos de autor y carta de vinos
La barra es otro de los puntos fuertes del lugar. Los bartenders son descritos como auténticos “alquimistas”, con una carta que combina cócteles clásicos y de autor. El Negroni es una de las estrellas según varios visitantes, junto con el “Heart of Glass” y un Bloody Mary particularmente elogiado. También hay limonada de frutilla para quienes prefieren algo sin alcohol.
La carta de vinos incluye etiquetas boutique y opciones curiosas como el vino naranja y un rosado petnat bien valorado. Los boxes y la barra están pensados para tomar algo tranquilo mientras se disfruta del ambiente.
Música en vivo: el complemento perfecto
El sector del club, The Lift, funciona los fines de semana con bandas en vivo que varían entre jazz, blues, flamenco y propuestas más electrónicas. La calidad sonora del lugar es notable, ya que fue diseñado específicamente para esto y recientemente se incorporó equipamiento de alta definición. Entre los artistas y bandas que han pasado por su escenario se mencionan nombres como Pettinato, CiteTangoTrio, Riera-Fuentes-Gainza, Otavio Castro, 4 Varas, LVROD y Nina Portela, lo que da una idea del nivel artístico del lugar.
Para acceder al club solo con el show hay que pagar una entrada económica y luego se puede pedir comida del restaurante mientras se disfruta del concierto. Esta modalidad ha sido especialmente bien recibida por quienes quieren simplemente tomar algo con un buen show en un ambiente diferente al circuito tradicional de Palermo.
Servicio: la gran fortaleza
El servicio es probablemente lo que más se repite en las opiniones de los visitantes. Nombres como Kati, Sabrina, Catalina, Fernando, Maximiliano, Nelson, Ulises, Oscar, Leandro, Jorge, Rebecca y Abigail aparecen una y otra vez, siempre destacados por su calidez, conocimiento del menú y disposición para orientar al comensal. El equipo se encarga de recomendar platos, explicar las piezas del omakase y, según los casos, hasta facilita fotografías con el chef durante la preparación.
La gerencia también suele responder personalmente ante cualquier inconveniente, lo que habla bien del funcionamiento interno. El restaurante opera únicamente de miércoles a sábado de 20:00 a 24:00, una franja acotada que obliga a reservar con anticipación, especialmente los fines de semana.
Lo que conviene tener en cuenta
Ningún análisis sería honesto sin mencionar los puntos débiles. El primero y más evidente es el precio: la experiencia se ubica en el rango alto, con tickets que pueden superar ampliamente los 100.000 pesos argentinos por persona incluyendo entrada, plato principal y bebida. El menú degustación de 24 piezas más dos aguas ronda los 70.000 pesos, lo que se considera razonable para el nivel del lugar pero sigue siendo una inversión importante.
Otro punto a considerar es el tamaño de las piezas: varios comensales mencionan que son pequeñas en comparación con otros restaurantes de sushi. Si buscas platos abundantes, esta propuesta puede dejarte con ganas de más. Las opciones de postre también generan opiniones divididas: algunos agradecen la presentación, otros mencionan opciones limitadas o preparados simples (helado con brownie en fechas especiales).
La capacidad reducida significa que conseguir mesa sin reserva es prácticamente imposible, sobre todo los viernes y sábados. Si bien el sistema de reservas online funciona bien y el equipo confirma con indicaciones útiles (por ejemplo, opciones para estacionar en la calle), no planificar puede arruinar la visita. Algunas personas han reportado demoras en el ingreso pese a tener reserva confirmada.
En cuanto al mobiliario de la zona del club, varias personas han señalado que ciertas configuraciones de sillas y mesas no son cómodas para sesiones de más de 30 minutos, algo a tener en cuenta si planeas quedarte toda la noche. También se han registrado algunas quejas puntuales por tragos mal preparados (proporción desequilibrada, vodka tonics aguados) y un caso aislado de mal trato por parte de un miembro del personal.
Para los eventos que organiza el club, el lugar aplica código de vestimenta, por lo que conviene revisar las indicaciones de la productora antes de ir. Ha habido casos donde se negó la entrada por no cumplir con el dress code, algo que puede evitarse simplemente leyendo la información del evento.
¿Vale la pena el viaje?
Para quien busca el mejor sushi de Buenos Aires con propuesta diferenciada, The Lift / 1967 es una parada obligada. La combinación de trucha patagónica, técnica de chef con explicación personalizada y un ambiente que no se parece a nada en la ciudad justifica el gasto. Si a eso se le suma un show de jazz en vivo, la velada se convierte en una de esas experiencias memorables que cuesta repetir en otro lugar.
Eso sí, conviene ir con expectativas calibradas: no es un lugar para una cena rápida ni para compartir platos en grandes grupos. Es ideal para parejas, reuniones pequeñas o una salida especial donde se quiera invertir en algo distinto. Reservar con tiempo, pedir el omakase y dejarse llevar por las recomendaciones del equipo es, según la enorme mayoría de quienes han pasado por allí, la fórmula ideal para aprovechar al máximo lo que 1967 y The Lift tienen para ofrecer.