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ApuNena Tapas Asiáticas

ApuNena Tapas Asiáticas

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Aguirre 1600, C1414 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante asiático Restaurante de cocina del Sudeste Asiático Restaurante filipino Restaurante tailandés Restaurante vietnamita
8.8 (3831 reseñas)

ApuNena Tapas Asiáticas es una de las propuestas gastronómicas más singulares de Buenos Aires, un espacio donde la cocina del sudeste asiático se reinterpreta en formato de tapeo, con la firma creativa de la chef Christina Sunae y la co-fundadora Flor Ravioli. Ubicado en Aguirre 1600, en el corazón del barrio de Chacarita, este restaurante se ha consolidado como un destino obligado para quienes buscan una experiencia de sushi y sabores orientales en clave contemporánea y compartida.

El concepto detrás de ApuNena gira en torno a la idea de probar muchos platos en pequeñas porciones, una filosofía que invita a recorrer la carta de manera exploratoria. La oferta se inspira en las recetas familiares de la abuela de Christina Sunae, de donde proviene el nombre del lugar, y combina técnicas tailandesas, filipinas y de otras regiones de Asia con ingredientes locales argentinos. El resultado es una carta breve pero muy bien articulada, donde cada preparación busca sorprender con contrastes de sabor, textura y temperatura, alejándose de los estereotipos del sushi convencional para apostar por una mirada más personal de la cocina oriental.

Entre los platos más celebrados por los comensales se encuentran los dumplings de cerdo, una preparación clásica que aquí se ejecuta con masa fina y relleno jugoso, acompañado de salsas caseras que cambian según la temporada. El bao de cerdo con kimchi y los baos de higos en almíbar con roquefort son otras de las estrellas del menú, así como el conocido “bola bola”, un pan al vapor relleno de cerdo, langostinos y shiitake con salsa de pimienta de Szechuan, que muchos comensales comparan con una gyoza gigante por su carácter reconfortante y su masa perfectamente esponjosa.

Para quienes buscan opciones vegetarianas o veganas, ApuNena ofrece un bao de gírgolas grilladas y otras preparaciones con hongos que mantienen la misma profundidad de sabor que las versiones con carne. El curry verde de pescado o pollo es otro de los imperdibles, con un punto de picante bien equilibrado y una cremosidad que recuerda a las mejores cocinas del sudeste asiático, servido con arroz que remite de inmediato a cualquier mesa de cocina asiática auténtica. También se destaca el calamar relleno a la parrilla con adobo, duraznos y ketchup de banana, un plato de carácter fuerte que ha generado adeptos y algunas opiniones divididas, fiel a la naturaleza aventurera de la carta.

El capítulo de los postres merece una mención especial. El helado de boniato con crocante de maní y caramelo de miso se ha convertido en una verdadera obsesión para los habitués del lugar, descrito frecuentemente como una explosión de sabores y una experiencia en sí misma. El cheesecake de matcha, con su textura estilo vasco, es la otra gran vedette de la parte dulce, recomendada incluso por quienes suelen saltear el postre. Para los amantes del matcha y los sabores menos convencionales, ambos platos son paradas obligatorias.

El espacio físico de ApuNena combina la calidez de un bistró pequeño con un toque de cocina callejera asiática. En la planta baja funcionan la barra contigua a la cocina abierta, donde es posible observar a los chefs en plena acción armando cada plato con precisión, y un salón con mesas más íntimas. En el nivel superior se dispone una terraza con sector semicubierto y otro al aire libre, ideal para los meses cálidos. La decoración recurre a maderas, cerámica y elementos que evocan los puestos de street food asiático, aunque adaptada a un contexto de restaurante de categoría. La iluminación tenue y la música ambiental cuidadosamente seleccionada completan una atmósfera que invita a la conversación y al disfrute pausado, sin la solemnidad de la haute cuisine.

La carta de bebidas acompaña la propuesta con tragos de autor, cervezas artesanales como la marca japonesa Kira, y una selección de vinos con foco en etiquetas como Torrontés y Malbec de Manos Negras. Los cócteles de matcha y el vermú Chai Puro Amor son buenas opciones para quienes buscan maridar los platos con algo distinto. También se ofrece la posibilidad de pedir vino por copa, algo que no todos los restaurantes del segmento suelen habilitar y que resulta muy útil para un formato de tapeo donde se prueban varios sabores.

El servicio es uno de los puntos fuertes que más resaltan los visitantes. El personal, mayoritariamente femenino, se caracteriza por su amabilidad, rapidez y conocimiento detallado de cada plato. Es habitual que las camareras expliquen al comensal qué es cada preparación, cómo comerla correctamente y qué recomendar en función del paladar del cliente. La chef Christina Sunae y la propia Flor Ravioli suelen pasar por las mesas, lo que añade un toque cercano y personal a la visita. Muchos clientes habituales recomiendan sentarse en la barra para apreciar de cerca el trabajo del equipo de cocina, algo que transforma la cena en un pequeño espectáculo gastronómico.

Sin embargo, no todo es perfecto en ApuNena, y quienes busquen una experiencia deben tener en cuenta algunos aspectos. El primero es el precio: con un ticket promedio por persona que ronda cifras elevadas en pesos argentinos (según la composición del grupo y los platos elegidos), no se trata de un lugar económico. Las porciones son intencionalmente pequeñas, pensadas para compartir y probar entre tres y cinco platos por persona, por lo que quienes buscan una comida abundante pueden sentirse defraudados. El segundo punto a considerar es la dificultad para conseguir mesa sin reserva, especialmente los fines de semana, cuando el restaurante suele colmarse rápido. Quienes planeen visitarlo un viernes o sábado por la noche deberían reservar con anticipación o llegar temprano para asegurarse un lugar.

Otro aspecto mencionado con menor frecuencia pero relevante es la limitada oferta para celíacos y la escasa cantidad de platos principales vegetarianos o veganos, un detalle a tener en cuenta para quienes siguen estas dietas. Algunos comensales también han señalado que el sistema de reservas online no siempre funciona correctamente, y que la espera en la puerta puede extenderse más de lo esperado en horarios pico. En días de mucho movimiento, la atención puede volverse algo desatenta, aunque en general el personal hace un esfuerzo genuino por mantener la calidad del servicio.

ApuNena abre sus puertas de martes a domingo a partir de las 19:00, cerrando entre las 23:30 y las 00:00 según el día. Los lunes permanece cerrado. Acepta reservas, pagos en efectivo (con descuento del 10 al 15 por ciento), tarjetas de crédito y débito, y ofrece opciones de delivery y takeout. El teléfono de contacto es 011 3842-4230 y su sitio web oficial es www.apunena.com. El local cuenta con acceso para personas en silla de ruedas y se ubica en una zona de Chacarita que ha experimentado un fuerte crecimiento gastronómico en los últimos años.

Para quienes estén pensando en visitarlo, la recomendación general es armar un recorrido de al menos dos o tres tapas y un plato principal por persona, siguiendo el consejo que el propio personal suele repetir. Esto permite apreciar la variedad de la carta sin gastar de más ni quedar con hambre. Los platos más pedidos y recomendados por la clientela son el curry verde, los dumplings de cerdo, el calamar relleno, el bola bola y, como cierre, el helado de boniato. Para una primera visita, esa combinación es casi un ritual de iniciación.

En definitiva, ApuNena Tapas Asiáticas es una invitación a recorrer Asia en miniatura, a través de una carta que combina rolls, dumplings, currys, baos y preparaciones que dificilmente se encuentran en otros restaurantes de la ciudad. Es una propuesta para quienes valoran la creatividad en la cocina, no les importa pagar un poco más por ingredientes de calidad y están dispuestos a compartir la mesa con buena compañía. La experiencia puede no ser apta para todos los bolsillos ni para todos los paladares, pero para el público correcto, se trata de uno de los hallazgos gastronómicos más sólidos del circuito porteño y una parada casi inevitable para los amantes de la cocina asiática en Buenos Aires.

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