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Anasagasti Bar & Restaurant

Anasagasti Bar & Restaurant

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Pje. Anasagasti 2067, C1425 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Bar Restaurante Restaurante de sushi
8.8 (1341 reseñas)

Anasagasti Bar & Restaurant ocupa una de las casonas más antiguas del barrio porteño de Palermo, escondida en el Pasaje Anasagasti 2067, a pocos metros del shopping Alto Palermo. Detrás de su fachada de estilo belle époque se despliegan tres pisos con propuestas bien diferenciadas, que invitan a recorrerlos una por una: barra de tragos con tapeo en planta baja, cocina de autor en el primer piso y una barra de sushi con experiencia omakase en el segundo nivel. La casona, declarada patrimonio histórico de la Ciudad de Buenos Aires, conserva piezas originales, espejos, candelabros, sillones de época y una cava vidriada que se ve desde el primer piso, generando una atmósfera cálida y elegante que los clientes suelen describir como íntima y especialmente recomendable para una cita en pareja, una reunión de amigos o una cena de negocios.

La experiencia arranca en la planta baja, donde funciona el bar con estética inglesa, luces tenues y una barra de mármol donde se preparan cócteles de autor. Es el rincón más elegido por quienes quieren conocer el lugar sin gastar de más, ideal para un after office o una salida distendida. La carta de tragos es amplia y creativa: entre los más pedidos aparecen el Old Fashioned —varios clientes lo señalan como uno de los mejores de Buenos Aires—, el Sandro (un cóctel dulce con cuerpo), el Penicillin, el Negroni, el Spritz y un gin tonic con pétalos de rosas. Para acompañar, funcionan las tapas: burrata con pesto, tortilla de papas, mollejas al kamado, langostinos empanados en panko, pulpetines de jabalí, vitel toné, churros de mandioca y empanaditas picantes, estas últimas generalmente muy elogiadas por los comensales. Si la idea es solo picar algo liviano y tomar un buen cóctel, este piso es suficiente y más accesible en precio que el restaurante de arriba.

En el primer piso funciona el restaurante, con mesas pequeñas, manteles prolijos y la cava de vinos vidriada como telón de fondo. Es el espacio elegido por quienes buscan una cena más formal, con platos de cocina de autor que mezclan técnica y producto: magret de pato, cordero braseado, risotto de remolacha, agnolottis de centolla y langostinos, ojo de bife para compartir con tres salsas y guarniciones, hamburguesa de cordero, samosas, civet de ciervo y pastas frescas como agnolottis y manicottis verdes. Antes de la entrada principal llegan a la mesa panes tibios caseros con un paté de pato que ya es un sello de la casa —varios clientes sostienen que volverían solo por ese detalle—. La carta de vinos es generosa, con etiquetas por copa y botella, y el personal suele recomendar el maridaje paso a paso. En los postres, los más celebrados son el volcán de pistacho (en ocasiones servido con helado de mandarina), las peras al espumante y el flan de leche condensada con dulce de leche y crema de naranjas. Para quienes festejan un cumpleaños o aniversario suelen ofrecer un postre de cortesía y copas para el brindis, un gesto muy valorado por los comensales.

Pero si hay algo que distingue a Anasagasti en el circuito gastronómico porteño es su experiencia de omakase en el segundo piso. El formato es de 8 pasos —algunos visitantes dicen haber probado hasta 15 piezas en otras ocasiones—, donde el sushiman arma una selección a su criterio eligiendo los mejores pescados y respetando la estacionalidad. Quienes la realizaron coinciden: las piezas son frescas, bien logradas, con cortes prolijo y una presentación cuidada —algunos recuerdan fuentes florales humeantes— y se marida muy bien con un blanco o un espumante. También suelen incluirse opciones como ceviche, tiradito de lisa y langostinos en panko dentro del recorrido. Es una opción ideal para una ocasión especial y para quienes buscan un restaurante de sushi con perfil de autor antes que una barra de sushi tradicional. Eso sí, hay que tener presente que las porciones son pequeñas: el menú apunta a saborear paso a paso, no a comer en cantidad. Quienes van con expectativas de volumen suelen salir un poco defraudados; quienes van a disfrutar el producto y conversar con el sushiman, quedan conformes. En los últimos meses hubo comentarios mencionando cambios en la oferta de sushi, por lo que conviene reservar y consultar qué menú está activo antes de subir.

El ambiente general de la casa se apoya en tres pilares: la arquitectura original bien conservada, la iluminación baja que genera intimidad y una selección musical que transita entre jazz, soul y música francesa, siempre a un volumen que permite conversar sin esfuerzo. La atención es otro punto fuerte y se repite en las reseñas: los mozos Fernando, Rodrigo, Lautaro, Alejo, Alan e Ignacio son mencionados por nombre propio, y los bartenders Alex e Ignacio reciben elogios por el trabajo en la barra del primer piso. Aun así, en horas pico se han registrado demoras prolongadas, platos que llegan a temperatura ambiente, confusiones con pedidos y falta de seguimiento cuando surge un error. También hay reportes puntuales de carnes que salen duras o mal selladas, pastas pasadas de cocción y algunas preparaciones que llegan frías, sobre todo en el primer piso durante los fines de semana. La higiene de los baños, el nivel de ruido en las mesas más cercanas a la barra y la climatización del segundo piso (mucho calor en verano) son otras observaciones recurrentes de los clientes.

Antes de reservar conviene tener en cuenta algunos detalles prácticos. El lugar no permite el ingreso de menores de 18 años, por lo que no es opción para una salida con niños. En la barra de planta baja no venden gaseosas ni opciones sin alcohol demasiado variadas, y si bien hay vino por copa, los aperitivos clásicos son limitados. Tampoco hay panera disponible —un detalle que se menciona seguido en las reseñas— y la carta, aunque variada entre pisos, es relativamente corta comparada con otros restaurantes de precio similar. Pagar en efectivo tiene 10% de descuento, lo que varios comensales agradecen. Como puntos a favor: cuentan con rampa, ascensor y baño adaptado para personas con discapacidad, el sistema de reservas online es sencillo y el voucher de regalo tipo BigBox funciona bien para quienes quieren probarlo sin pagarlo de su bolsillo. Si vas con niños o con alguien con movilidad reducida, asegurate de reservar en planta baja para evitar escaleras.

El rango de precio es medio-alto para los estándares de Palermo: una salida con entrada, principal, postre y dos tragos con agua y copa de vino puede ubicarse alrededor de $120.000 por persona a mediados de 2025, en línea con otros restaurantes de autor de la zona. La barra de planta baja y las tapas siguen siendo la opción más amigable para el bolsillo dentro del mismo local.

Para ir a Anasagasti tené en cuenta lo siguiente: abre de martes a domingo de 19:00 a 02:00, cierra los lunes, y la entrada se encuentra en el Pasaje Anasagasti 2067 —un callejón con poca señalización, por lo que conviene abrir Google Maps hasta la puerta—. Es recomendable reservar con anticipación, sobre todo para asegurar lugar en la barra o en el piso de sushi omakase. La edad mínima es de 18 años y el dress code es informal elegante. Las reservas online y la información actualizada están disponibles en su cuenta de Instagram @anasagasti_ba.

Si te interesa la cocina de autor, el sushi omakase en Buenos Aires y querés una salida distinta dentro del barrio de Palermo sin tener que cruzar a Puerto Madero o Recoleta, Anasagasti es una candidata más que interesante. Reservá con tiempo, elegí el piso según tu plan (barra para tragos, restaurante para una cena clásica o segundo piso para la experiencia omakase) y date el gusto de probar tanto la cocina como la coctelería. Quienes vuelven suelen repetir el circuito completo: arrancan con un cóctel de autor en planta baja, suben a cenar al primer piso y, en algún momento, se dan el gusto del omakase del último nivel.

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