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Asian Ghetto Cantina

Asian Ghetto Cantina

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San Lorenzo 2991, B7600 Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante asiático
8.6 (3076 reseñas)

Asian Ghetto Cantina es un pequeño reducto de comida asiática en Mar del Plata que se ha ganado un lugar propio entre quienes buscan sabores orientales bien logrados sin tener que salir de la ciudad. Ubicado en San Lorenzo 2991, este local funciona únicamente a la noche, abre sus puertas de miércoles a lunes a partir de las 20:00 horas y permanece hasta las 23:00 (los viernes y sábados extiende su cierre hasta las 23:30), permaneciendo cerrado los martes. Atiende exclusivamente cenas, y debido a su reducida capacidad, trabaja con un sistema de turnos y reservas que conviene gestionar con anticipación llamando al 0223 697-0507.

El concepto del lugar es claro: una cantina callejera asiática con estética bar, barra con vista directa a la cocina, pocas mesas y un ambiente cálido que se llena con rapidez. Quienes se sientan en la barra tienen el atractivo adicional de observar cómo se preparan los platos al instante, lo que ya anticipa el nivel de cuidado en cada elaboración. El equipo de cocina y atención está integrado mayoritariamente por mujeres, un detalle que los propios comensales suelen destacar por la dedicación y el detalle puesto en el servicio.

Dentro de la carta de sushi y comida asiática, los protagonistas indiscutidos son los baos. El de pescado y el de ternera braseada se llevan los mayores elogios por su originalidad y su punto de cocción del pancito al vapor. También sobresalen las gyozas (de cerdo, de alfalfa, de poroto negro), los dumplings de langostinos y los wontones. Entre los platos principales, el ramen merece capítulo aparte: los fideos son caseros, elaborados frescos cada mañana, lo que marca una diferencia notable respecto de propuestas que trabajan con pasta industrial. El caldo de pollo concentrado, el miso ramen y el tonkotsu son las versiones más pedidas, con una textura de fideos al dente bien lograda.

El pad thai es otra de las estrellas del menú, con una porción generosa que suele alcanzar para compartir. Los currys (verde y rojo de langostinos, entre otros) son citados repetidamente como de los mejores de la ciudad, con sabores intensos y bien condimentados. También aparecen opciones como el pollo coreano (algo picante según el comensal), las berenjenas chinas, el wok de castañas, el arroz chaufa con cerdo y vegetales, y la opción vegetariana de japchae. Para el cierre, el flan de maní con leche de coco es una recomendación habitual y funciona como un guiño dulce a la propuesta asiática del lugar.

La bodega y la barra

La selección de vinos es acotada pero muy bien curada: trabajan con bodegas boutique, cepas nuevas, etiquetas orgánicas y vinos naranjas, lo que la convierte en una de las cartas más interesantes de la zona. En tragos, el aperol preparado en casa es uno de los más solicitados, y también ofrecen cerveza (incluida la china) y destilados como ChumChurum de arándanos.

Lo que hay que tener en cuenta antes de ir

El espacio es pequeño e íntimo, con banquetas sin respaldo en algunas mesas y otras de altura tipo bar, algo que varios visitantes mencionan como incómodo para estadías largas. El sistema de dos turnos —que suele ser de 1 hora y 30 minutos cada uno— puede generar sensación de apuro, sobre todo cuando la cocina se demora. Y aquí aparece uno de los puntos más criticados: los tiempos de espera suelen ser largos, con entradas que pueden tardar hasta 30 minutos y platos principales que en horarios pico se estiran a 45 minutos o más, independientemente de si el local está lleno o vacío. Quienes tengan poca paciencia o hambre voraz deben tenerlo presente.

Otro aspecto que genera opiniones divididas es la relación precio-porción. El cubierto promedio se ubica en un rango medio-alto para la ciudad, y algunos visitantes sienten que las porciones (especialmente las entradas y el ramen) quedan cortas frente al precio pagado. La respuesta del local apunta a que trabajan con gramajes superiores al estándar, materia prima de calidad, vajilla artesanal y cristalería Nachtmann y Riedel, además de salarios bajo convenio colectivo. Aun así, conviene pedir bien: compartir una entrada y un principal por persona suele ser la fórmula que mejor funciona.

La atención también recibe comentarios dispares. Muchos resaltan el asesoramiento detallado de las camareras —que explican sabores, sugieren combinaciones y guían en la elección de vinos—, pero otros mencionan meseras con poca predisposición, falta de sonrisas y demoras en cubrir necesidades básicas durante la espera. En días de mucha demanda, esta inconsistencia se hace más notoria.

El factor veggie y la huerta propia

Para quienes buscan opciones vegetarianas, Asian Ghetto Cantina tiene una oferta interesante: los baos de hongos, los dumplings veggies, el curry de castañas y el japchae con tofu son platos celebrados por comensales vegetarianos y veganos. Además, el local trabaja con verduras de su propia huerta biodinámica, algo que se refleja en la frescura y la trazabilidad de los ingredientes.

Servicio para llevar y delivery

Además de la experiencia en el salón, el local ofrece take away con una carta levemente más económica (sin ramen) y servicio de delivery. Quienes optan por esta modalidad deben saber que las demoras también se hacen sentir y que las porciones para retirar son más chicas que las servidas en mesa.

Reservas, turnos y consejos prácticos

Dado el tamaño del salón y la alta demanda, reservar con anticipación es prácticamente obligatorio, especialmente para el primer turno de las 20:00. El segundo turno opera por orden de llegada, lo que suele implicar colas en la vereda los fines de semana. Para quienes cenan al exterior, hay mesas en la vereda con calefacción y mantas disponibles en los días fríos, un detalle que aporta encanto al ambiente. Quienes lleguen en grupo numeroso deben saber que las mesas son pocas y chicas, por lo que la organización previa facilita la experiencia.

Asian Ghetto Cantina no pretende ser un restaurante convencional: es una cantina asiática con espíritu callejero, donde se come sushi en su versión más libre (con baos, gyozas y ramen como intérpretes), se disfruta de una copa de vino curado y se comparte una velada distinta en Mar del Plata. La clave está en ir con tiempo, pedir con asesoría del personal, aceptar el ritmo pausado de la cocina y dejarse llevar por una carta breve pero muy bien ejecutada. Para quienes valoran la autenticidad de los fideos hechos a mano, la intensidad de un curry bien logrado o la textura de un bao perfectamenteido (cocido al vapor), el lugar compensa con creces las posibles incomodidades logísticas.

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