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Shimada Omakase

Shimada Omakase

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Franklin D. Roosevelt 1806, C1428BNH C1428BNH, Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Restaurante Restaurante asiático
9.8 (538 reseñas)

Shimada Omakase se posiciona como una de las propuestas más serias de sushi en Buenos Aires, una experiencia que va mucho más allá de una simple cena y que busca reproducir la filosofía japonesa del omakase con sello propio. Ubicado en Franklin D. Roosevelt 1806, en el barrio de Belgrano, este espacio reducido funciona en el primer piso del edificio que alberga también al bar Mixtape, al que se accede subiendo unas escaleras por detrás de la barra principal. Quien llegue con unos minutos de anticipación puede tomarse un trago abajo mientras espera ser recibido por el equipo, una manera amable de comenzar la velada antes de sumergirse en el ritual gastronómico.

La propuesta consiste en un menú degustación de omakase que suele extenderse entre 12 y 16 pasos, dependiendo de la ocasión y la temporada. El protagonista absoluto es el chef japonés Takeshi Shimada, conocido por los habitués como el “maestro” o “sensei”, quien arma cada plato frente al comensal en una barra con capacidad para apenas entre 8 y 10 personas. Shimada selecciona la pesca local disponible en el mercado y la adapta a su visión del sushi tradicional, priorizando la frescura y la estacionalidad. El resultado es una carta que cambia permanentemente: salmón, atún, lenguado, besugo, pejerrey, chernia, calamar y piezas menos convencionales como la panopea ahumada o el nigiri de pez limón suelen aparecer en la rotación, siempre con una explicación detallada del origen, la técnica y el motivo de cada elección.

El equipo que acompaña al maestro se completa con Charly, su mano derecha en la cocina, y Diego, encargado de recibir a los comensales y gestionar el servicio de bebidas. La dinámica es cercana, casi familiar: se conversa, se ríe, se degusta sake japonés en distintos momentos del recorrido y se aprende sobre la cultura culinaria nipona sin que la clase se vuelva solemne. Quienes celebran un cumpleaños o un aniversario suelen llevarse una sorpresa inesperada: una vela sobre el postre y el canto colectivo del feliz cumpleaños por parte del equipo y los demás comensales, un gesto que muchos visitantes destacan como uno de los momentos más emotivos de la noche. El cierre, en varios de los menús, se corona con una crème brûlée de matcha que se ha vuelto una marca registrada del lugar.

En cuanto a la oferta líquida, Shimada Omakase cuenta con una carta de vinos pequeña pero bien curada, con etiquetas razonables, opciones de cerveza y una selección de sakes pensados para acompañar los distintos pasos. Los precios de los vinos están bien calibrados y no resultan exagerados, algo que varios comensales agradecen considerando el nivel de gasto del menú. El sake, en cambio, se ofrece dentro del recorrido y no se cobra aparte, lo que suma al valor percibido de la experiencia.

Para reservar es indispensable comunicarse con anticipación: el lugar cuenta con muy pocos cubiertos por noche y la demanda es alta. Se solicita una seña previa para confirmar la reserva, una práctica habitual en este tipo de restaurante japonés de alta gama. El costo del menú se ubica en el nivel cuatro de la escala de precios y ronda los 115.000 pesos argentinos por persona (con valores que pueden variar según la temporada y la bodega seleccionada), mientras que el descorche de una botella de vino se cobra aparte. Funciona de martes a sábado, con horarios que arrancan alrededor de las 21:30 entre semana y a las 19:30 los viernes y sábados, cerrando pasada la medianoche. Los domingos y lunes el local permanece cerrado.

Como contrapunto, hay detalles que conviene tener en cuenta antes de reservar. El más mencionado por los visitantes es la filtración de sonido desde el bar de la planta baja: al estar separados por una puerta corrediza o una cortina, la música del bar vecino suele colarse durante la velada, en especial cuando se abre la puerta al pasar alguien. Algunos comensales lo toleran como parte del ambiente y otros lo señalan como un elemento que rompe la inmersión del omakase. Otro punto a considerar es la presencia del wasabi: varios visitantes comentan que se percibe con mucha intensidad en casi todos los pasos, por lo que quien no sea amante del picante debería avisarlo al llegar. Para los paladares más puristas, el uso de wasabi industrial en lugar de wasabi real también puede ser un detalle a observar, aunque la enorme mayoría coincide en que la calidad de la pesca compensa cualquier observación de este tipo.

También vale la pena saber que la barra es pequeña y las sillas están una al lado de la otra, lo cual favorece la interacción entre los comensales pero limita la privacidad. Algunos platos llegan ya preparados desde la cocina, no todos se elaboran íntegramente frente al cliente, y el ritmo puede variar según la noche. Se trata, en definitiva, de una experiencia para saborear sin prisa, ideal para una ocasión especial, una cita o un regalo gastronómico.

Shimada Omakase es, en resumen, una parada obligada para quienes buscan un sushi de alto nivel en Buenos Aires, con un maestro que se involucra personalmente en cada servicio y un equipo que hace sentir al visitante como invitado en su propia casa. Quienes prioricen la técnica, la frescura del pescado y la narrativa detrás de cada pieza encontrarán aquí una de las propuestas más convincentes de la ciudad. Quienes busquen silencio absoluto o prefieran un ambiente completamente controlado deberán sopesar la cuestión del ruido proveniente del bar lindante. Como en toda gran experiencia, las expectativas bien calibradas son la clave para disfrutarla al máximo. Si tu plan es sorprender a alguien con un sushi memorable, este es uno de los nombres que no podés dejar de tener en cuenta.

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